“¡Que viva Tufiño!”

Aunque hubo lágrimas, éstas fueron de celebración por los 85 años que Borinquen contó con la entrega del Maestro de las artes plásticas.

El último adiós al maestro Rafael Tufiño fue una pieza viva de arte. Las calles del Viejo San Juan, que en vida le llevaron al encuentro con sus vecinos y a las conversaciones entre tazas de café, ayer guiaron al artista hasta su última morada en el Cementerio Santa María Magdalena de Pazzis.

Al filo del mediodía, sus familiares y amigos celebraron su legado, al tiempo que los gestos de amor y aprecio que demostró hacia su pueblo le fueron reciprocados.

“¡Que viva Tufiño!”, gritó efusivo Domingo Domínguez, portavoz de la Junta Soberana de Borinquen, mientras el féretro de “El Tefo” abandonaba la Catedral de San Juan -donde el arzobispo de la capital, Roberto González Nieves, ofició una misa- para ser transportado hacia el cementerio.

Algunos turistas, quizás sin sospechar la importancia de esos momentos, captaron con sus cámaras estos últimos instantes de Puerto Rico junto al Pintor del Pueblo.

Detrás del coche fúnebre, sus hijos, Pablo, Salvatore, Rima, Nitza y el resto de sus familiares caminaron lentamente, agarrados de brazos. Y más de 200 artistas, vecinos y amigos se sumaron a esa procesión.

“Yo sé lo que son los encantos, de mi Borinquen hermosa. Por eso la quiero tanto y siempre la llamaré Preciosa”, cantaron, mientras paso a paso dejaban atrás los adoquines para bajar la cuesta que desemboca en el campo santo.

Y allí, frente al océano Atlántico, se escuchó con fuerza la patriótica “Verde Luz”.

“A sentir, la tibia arena. A dormir, en tus riberas, Isla mía, flor cautiva, para ti quiero tener. Libre tu cielo, sola tu estrella, Isla doncella, quiero tener... Verde luz de monte y mar”.

Tal y como lo deseó en su estadía terrenal, Tufiño descansará en el histórico lugar donde yacen otras figuras importantes como Alejandro Tapia y Rivera, José Gautier Benítez y Pedro Albizu Campos.

“Hoy vemos como el pueblo de Puerto Rico ha respondido a este triste momento de su partida... Lo han reconocido como el Pintor del Pueblo, porque no sólo se enclaustró como un gran pintor sino que bajó hasta él”, expresó don Ricardo Alegría, a quien la familia Tufiño encomendó el mensaje de despedida.

Pablo Tufiño, cabizbajo, escuchaba y acariciaba con sutileza la bandera que abrazaba la caja fúnebre de su padre. Su hermana Nitza compartió entre lágrimas unas palabras de agradecimiento, mientras que algunos de los presentes leyeron versos. Durante cerca de media hora, los aplausos al Maestro no cesaron.

El momento del adiós nunca es fácil, sobre todo cuando la despedida es eterna. Pero Tufiño no partió entre los sollozos, sino entre el sonido de los panderos que quebrantaron el silencio que emanaba de su panteón.

Unos besaron el féretro a su descenso, otros lanzaron flores. Su hijo Pablo irrumpió en fuertes aplausos.

La música no cesó. Los familiares dieron su último adiós y partieron. Los empleados del cementerio finalizaron el entierro. Pero los amigos de “El Tefo” permanecieron junto a él, sólo por un rato más.

Que descanse en paz, Rafael Tufiño.

“¡Vamos a elevar la estrella de Puerto Rico hasta el universo!”.

Rafael Tufiño


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